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MI CUENTA
Conozca a Aurélie Maloubier, directora del Golf de Montereau-La Forteresse, quien comparte su trayectoria, su compromiso con el golf francés y su visión de un deporte más accesible, más moderno y más femenino.
Dirige el Golf de Montereau-La Forteresse mientras también participa en varias instancias del golf francés. ¿Cómo su trayectoria le ha llevado a asumir estas diferentes responsabilidades?
El Golf de Montereau-La Forteresse es ante todo una historia familiar. Mis padres, Michèle y François Crapard, lo crearon en 1987 en su explotación agrícola y lo abrieron al público en septiembre de 1988: una reconversión audaz y una verdadera apuesta en aquel momento.
En 2009, mi padre me propuso unirme a él para asumir la dirección del club. En aquel momento trabajaba en marketing de lujo y estaba embarazada de mi segundo hijo, pero el reto me motivó de inmediato. La gestión diaria del club me permitió adquirir una visión muy concreta de los retos operativos, del desarrollo comercial y de la acogida de los jugadores.
Nuestra pertenencia a la Red Golfy desde 1993 también me ha permitido, cada año en el congreso, intercambiar con otros directores y directoras sobre nuestras problemáticas comunes. Y como mi padre ya era miembro de la ADGF (Asociación de Directores de Golf Franceses), era natural para mí implicarme también: entré en la junta directiva de la ADGF en 2019.
Después, en 2020, Pascal Grizot me propuso formar parte de su lista para el comité directivo de la Federación Francesa de Golf (FFGolf), en torno a un proyecto estructurado en tres pilares: deporte, desarrollo y transición ecológica. Era la primera vez que representantes de campos de golf comerciales (GEGF) entraban en este comité, un avance que me pareció esencial para contribuir al desarrollo de nuestro deporte y trabajar colectivamente al servicio de los clubes y los territorios.
Es esta experiencia de terreno la que poco a poco me llevó a implicarme en las instancias de la filière golfica, con el deseo de participar en la reflexión colectiva y en la evolución de nuestro sector. Veo estas responsabilidades como complementarias: me permiten tender puentes entre la realidad del terreno y las orientaciones estratégicas del sector.
¿Qué le motiva a implicarse en las instancias del sector del golf, además de la gestión diaria de un campo?
Lo que me motiva ante todo es poder hacer de enlace entre el terreno y las grandes orientaciones de nuestro sector. Cuando uno dirige un club de golf en el día a día, se enfrenta muy concretamente a los retos de explotación, a la afluencia de jugadores y a su fidelización. Formar parte de estas instancias me permite trasladar esta realidad de campo a las reflexiones colectivas y, en particular, defender la voz de los campos de golf comerciales e independientes, que tienen problemáticas específicas.
También es una forma de salir del aislamiento del día a día. Intercambiar con otros directores y directoras, confrontar experiencias y compartir soluciones que funcionan en otros lugares es extremadamente enriquecedor y alimenta directamente mi forma de gestionar mi propio establecimiento.
En concreto, hoy estoy implicada en el Comité Estratégico de Desarrollo de la Federación Francesa de Golf (FFGolf), con un objetivo que me importa especialmente: desarrollar la práctica del golf y captar nuevos federados. Es un reto esencial para el futuro de nuestro deporte. Debemos ampliar nuestra base de practicantes y hacer el golf más accesible y atractivo, especialmente para públicos que no lo consideran de forma natural. Este trabajo de fondo sobre el desarrollo de la práctica es lo que da pleno sentido a mi compromiso más allá de la gestión diaria de mi club.
En su opinión, ¿cuáles son hoy los principales desafíos que deben afrontar los clubes de golf para seguir atrayendo y fidelizando a los jugadores?
Creo que el principal reto es rejuvenecer nuestra base de practicantes. Hoy en día, el golf sigue estando muy asociado a la imagen de un deporte para personas mayores, y debemos conseguir atraer a un público más joven y más diverso que pueda proyectarse en esta práctica a largo plazo.
Para ello, es necesario ante todo cambiar la imagen del golf y del golfista. Demasiada gente todavía piensa que es un deporte elitista, reservado a una determinada categoría social, cuando en realidad es un verdadero deporte, exigente tanto física como mentalmente, accesible para todos una vez que se eliminan ciertas barreras, especialmente económicas y culturales.
Debemos estar dispuestos a cambiar los códigos: modernizar los clubes, proponer formatos de juego más cortos y más lúdicos, romper con ciertos rituales que pueden resultar intimidantes para los nuevos públicos y comunicarnos de otra manera para mostrar que el golf puede ser cercano, dinámico, accesible y no únicamente tradicional. Trabajando sobre esta imagen y estos nuevos usos es como lograremos atraer de forma duradera a los jugadores del futuro.
El papel de las mujeres en las profesiones del golf evoluciona de forma progresiva. ¿Cómo valora esta evolución y qué avances le gustaría ver en los próximos años?
Es un tema que me toca especialmente, y que también vivo a través de mi propio recorrido. Mi llegada a la dirección del club de golf se produjo en un contexto familiar, lo que sin duda facilitó las cosas al principio. Sin embargo, eso no significa que todo fuera sencillo: recuerdo que al inicio, dentro del equipo de campo, se pensaba que no entendía nada de césped. En un sector aún muy masculino, a veces hay que afirmarse más para hacerse escuchar y ser tomada en serio.
Las cifras hablan por sí solas: las mujeres representan hoy solo el 26% de los federados en la Federación Francesa de Golf. Es poco, y demuestra claramente el camino que queda por recorrer para feminizar nuestro deporte en todos los niveles: práctica, profesiones y gobernanza.
Y sin embargo, tenemos la prueba de que las mujeres pueden destacar al más alto nivel del golf: Céline Boutier es el ejemplo perfecto. Ha estado durante años entre las mejores del mundo, ha ganado un major y representa desde hace tiempo al golf femenino francés en lo más alto. Es una embajadora: una campeona como ella puede inspirar a muchas niñas a empezar a jugar.
Constato, no obstante, que las cosas evolucionan poco a poco. Cada vez hay más mujeres en puestos de dirección, pero también en profesiones donde históricamente estaban muy poco representadas, como el mantenimiento del césped o la enseñanza. Es una evolución alentadora, aunque aún lenta.
De cara a los próximos años, me gustaría ver avances en varios frentes a la vez: más mujeres en puestos de decisión, por supuesto, pero también más jugadoras en el campo y más mujeres en los oficios técnicos del golf. Estos niveles están vinculados: cuanto más visibles y reconocidas sean las mujeres en todas las áreas del golf, también en la élite, más se animará a otras a implicarse, ya sea como jugadoras, profesionales o dirigentes. Esta dinámica global es la que me parece esencial fomentar.
Si tuviera que dar una sola razón a los socios de Golfy para descubrir el Golf de Montereau-La Forteresse, ¿cuál elegiría?
Si solo pudiera elegir una, sería el entorno: el Golf de Montereau-La Forteresse es una finca de naturaleza preservada, con sus edificios catalogados y sus piedras antiguas que cuentan una historia de varios siglos. No se juega simplemente en un campo de golf, sino en el corazón de un patrimonio vivo, lo que hace que cada partida sea única.
El recorrido, variado y lleno de carácter, se integra perfectamente en este entorno excepcional. Y la experiencia continúa de forma natural en la mesa, con una cocina cuidada que se disfruta en nuestra terraza, frente a este paisaje extraordinario.
Todo ello se vive en un ambiente de convivencia que marca la diferencia: un club donde uno se siente bienvenido, donde se toma el tiempo de compartir un momento, no solo de jugar una partida. Eso es exactamente lo que me gustaría que los socios de Golfy vinieran a descubrir.
Golf de Montereau-La Forteresse
Domaine de La Forteresse
77940 Thoury-Ferrottes
01 60 96 95 10
contact@golf-forteresse.com
hwww.golf-forteresse.com
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